Son nativos de Nanegalito, su existencia es tan frágil que desaparecen cuando no hay lluvia. Nos costó mucho trabajo que vuelvan a su habitat. Al fin lo logramos sin siquiera cortar una rama e ir amontonando las hojas de los árboles para que el suelo vuelva a su estado natural y retornen los sapitos con su croar, para alegrar las noches y las tardes tibias del campo