De puntillas anduve...
De puntillas anduve por un pequeño monte.
Daba frescor el aire y corría leve,
que los dulces capullos, con orgullo modesto
y languidez,doblando, en una breve curva,
sus tallos, con las hojas escasas y ahusados,
no perdieron aún la estrellada diadema
recogida del día en su primer sollozo.
Puras eran y blancas las nubes, como ovejas
trasquiladas, saliendo del arroyo. Dormían,
dulces, en los bancales del azul; deslizábase
un estremecimiento silencioso en las hojas,
nacido del suspiro que exhalaba el silencio,
pues no se hubiera visto ni un moverse menudo
entre todas las sombras de la hierba, inclinadas.
...
O este otro
Sobre la cigarra y el grillo
Jamás la poesía de la tierra se extingue:
cuando a todos los pájaros abate el sol ardiente
y ocúltanse en frescores de umbría, una voz corre
del seto en seto, por prados recién segados.
Es la cigarra. El concierto dirige
de la pompa estival y no se sacia nunca
de sus delicias, pues si le cansan sus juegos,
se tumba a reposar bajo algún junco amable.
En la tierra jamás la poesía cesa:
cuando, en la solitaria tarde invernal, el hielo
ha labrado el silencio, en el hogar ya vibra
el cántico del grillo, que aumenta sus ardores,
y arece, al sumido en somnolencia dulce,
la voz de la cigarra, entre colinas verdes.

